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jueves, 18 de diciembre de 2014

Defecto genético.

Me ocurrió hace muy pocos años, durante las navidades. Yo me lo estaba pasando bien -y pensaba pasarlo aún mejor- cuando la realidad de la desigualdad fue a pararse justo delante mis narices. Casi me estropea la fiesta, pero nunca lo he olvidado.
   Mi amiga Edna y yo íbamos a pasar la noche juntos. El plan era cenar, tomar unos "cubatítas" y, regresar a mi casa con una botella de buen vino tinto. Era una noche fría, como corresponde a las últimas semanas de Diciembre en el nordeste de la península. El obligado ritual comenzaba en el cajero automático, punto de partida imprescindible casi siempre, pero necesidad absoluta si quien te acompaña, es el espíritu de una mujer, en el cuerpo deseado de una mujer.
   Al entrar en el cajero, Edna María se agarró mas fuerte a mi brazo: Tumbado en el suelo, con una súcia manta y varias bolsas bolsas alrededor, se hallaba un señor bastante mayor, con barba blanca poblada, y una ligera resignación en sus triste ojos. Nos miró, vio que sólo éramos una pareja -no había peligro- y se desentendió de nosotros. Casi parecía estar pidiendo perdón por estar allí, ofreciéndonos una visión desagradable.
   Edna me susurró al oído un: Ay que lástima pobre señor. Yo la consideraba un poco golfa y caradura, pero consideré que quizás era sincera su conmiseración hacia aquel hombre mayor que iba a pasar la noche en el cajero.
    Cuando la máquina me extendía mi oro, le miré intentando parecer humano. Si el hombre hubiera sido joven, habría sido distinto, pero verlo ya tan mayor y tan desvalido, no podía dejarme indiferente. Le ofrecí un billete pequeño -yo era un obrero- y el tipo me dijo que si no me importaba, mejor le daba un cigarro.
   Hay que ser modesto, y no alardear de virtudes que no se tienen, pero me conmovió con sus ojos resignados, sus bolsas con restos de alimentos, y  su manta. Tampoco hice nada: No le ofrecí dormir en mi casa calentito -y podía haberlo hecho- No le ofrecí treaerle algo, o llevarle a tomar algo caliente. Le di la miseria de 5 euros y tres cigarros (me quedaba poco tabaco).
   Los ojos que puso cuando vió que le caían tres cigarros (mas que por los 5 euros) casi me estropean la fiesta. Comprendí que para su planificada noche de "fiesta", en la soledad de un cajero cualquiera, tres putos cigarros para pasar la noche, eran mucho mejor que cinco euros de mierda en el bolsillo.
    Luego nos fuimos y cenamos. Los ojos de aquel señor de al menos 60 y mas años, con su barba y sus bolsas, aún me persiguieron un rato, pero finalmente, los ojos de la rubia brasileña Edna María, con sus risítas y sus guiños, hicieron que se me olvidara. Ya no pensé mas en aquel hombre. Tras la cena, tomé un café con gotas de coñac, luego ambos nos tomamos unos cubatas de JB, mientras a nuestro alrededor -era un restaurante- la gente parecía disfrutar de la noche, risas y jolgório.
  Antes de pedir la cuenta, encargué un tinto bastante decente para llevar, nada del otro mundo, 12 euros la botella. Edna empezó a acaramelarse conmigo, sin duda influida por el ambiente: Vayámonos a tu casa, dijo en susurro, clavándome sus ojos verdes.
    Y nos fuimos. Por la mañana, me levanté y me vestí sin ducharme, como con prisa. La dejé en la cama y la dije que iba a comprar, ella ni siquiera abrió sus ojos verdes somnolientos, de su boca, o tal vez de su nariz, sólo surgió un: Mmmm. Fui al cajero, al mismo de la noche anterior, y que no era el mas cercano, pero aquellas barbas con manta  y bolsas, ya no estaban. ¿Porqué lo busqué? Pues no lo sé. Debe de tratarse de algún defecto genético.



Autor: D. José María Martín Rengel.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Olóres.

Los rumores que corren sobre mi supuesta falta de higiene son absolutamente falsos. Me molesta bastante que cuatro imbéciles anden por ahí diciendo que yo NUNCA me lavo, y en cuanto me los eche a la cara, los voy a enterar.
   Me parece muy feo andar por ahí hablando a espaldas de uno ¿Por qué no se han acercado hasta mi y me lo han dicho delante de mis narices? ¿Eh?
   Yo me lavo. Precisamente hace dos semanas desde que lo hice la última vez, era sábado, y me acuerdo muy bien, porque además, me cambié la ropa interior y los calcetines, y aproveché para cortarme las uñas de los píes, hacía tiempo que no me las veía y, descubrí que estaban un poco largas.


Autor: D. José María Martín Rengel.

jueves, 2 de enero de 2014

Trágico error.

La Nochevieja también se celebra durante la guerra, y Vasily la celebró con sus compañeros de armas. Estaban en un campamento junto a los pantanos del Prypet, y ansiaban entrar en combate contra los alemanes con los tanques nuevecítos que acababan de recibir.
  El vodka corrió a raudales y enseguida empezaron a entonar canciones melancólicas. Quien mas y quien menos, todo el mundo tenía en su mente a alguien a quien echaba en falta: Los padres en unos casos, o la novia, o incluso la esposa y los hijos en otros casos.
   Al mediodia del 1 de Enero, Vasily convocó a sus hombres, tenían órdenes dirigirse con los nuevos T 34 a través de una ruta que los llevaría a contactar con los guerrilleros que hostigaban a los alemanes, había depositadas muchas esperanzas en la nueva remesa de carros blindados, así como en la contraofensiva orquestada por la STAVKA, aunque todo el mundo sabía que el verdadero cerebro no era la STAVKA ni Stalin sino el mariscal Zhukov.
    Con la moral muy alta, y total ausencia de miedo, y también con un muy alto espiritu de sacrificio, el capitan Vasily Korolev se internó en la zona pantanosa con la 8ª sección de blindados. Nadie podía prever la tragedia, el infortunio ingrato que sólo la muy mala suerte y un leve error trajeron aquella jornada. La ruta a seguir, muy clara en los mapas, no lo era tanto sobre el terreno, pero Vasily prefirió seguir avanzando, antes que mostrarse dudoso ante sus hombres. A media tarde, la luz ya era escasa, y el terreno parecía un laberinto de sombras y vegetación.
    Cuando su tanque se detuvo por la imposibilidad se seguir avanzando, Vasily notó una grave sensación en la nariz, como si se oliera la tragedia. La presión sanguínea apenas era contenida por los vasos, y Vasily sentía sus latidos hasta en los lóbulos de las orejas.
    Media hora mas tarde, Vasily ya había sido informado por radio de la situación. Absolutamente todos los tanques estaban imposibilitados de avanzar  o retroceder. Había que dar por perdidos todos los blindados, y con ello la misión encomendada. Daba igual que pudiese justificar el error, estaba perdido; Había conducido a una brigada de carros blindados hasta el mas ingominioso desastre, sin entrar ni siquiera en combate.
   Prefirió evitarse la vergüenza de ser juzgado, y fusilado por inutil. El era el único responsable, y casi sonrió cuando se llevó el cañón de su pistola a la boca. No dió órdenes, no dejó notas, ni le dijo nada a su ayudante, ya nada importaba. Casi con una sensación de alivio, apretó el gatillo.

Autor: D. José María Martín Rengel.

martes, 31 de diciembre de 2013

El Barco.

El barco espacial llevaba 2 semanas que estaba en la Luna Europa y le decía el capitán a su grumete: Grumete mañana partiremos hacia el norte de los mares de esta Luna. Respondió el grumete: Teníamos que haber traído mujeres en la tripulación capitán o si no al menos animales. Dijo el capitán: ¿Y eso para qué grumete? Porque creo que tanto hombre sólo en esta luna durante tanto tiempo en el barco puede llevar a que más de un marinero se enamore. Y eso puede ser un problema no creé. Saltó el capitán: ¿Y que problema es que se puedan enamorar unos marineros de otros? Dijo el grumete: Pues básicamente los celos y los rencores de los que se enamoren.


Autor: D. Jesús Castro Fernández.

El Salón.

¡Rápido llevaos al jefe carpintero! ¡Rápido, rápido le dio una insolación y tiene mal de seso!. Y buscad a su mujer que tiene los mismos conocimientos. El salón está por acabar y el rey no quiere que se demore mucho más. Tú búscala y tráemela. Respondió el esclavo: de acuerdo ahora vuelvo ¿donde está? Otro esclavo le respondió: busca tras de aquellas columnas del fondo del salón. Cuando llegó la encontró con un esclavo detrás de una columna. El esclavo: ¿ama pero que está haciendo? se acaban de llevar a su marido por mal de seso y la llaman para que finalice la decoración del Salón de las Mil Columnas. La mujer: nada hombre, le daba a mí esclavo un beso porque le quiero. Bueno pues ahora voy y ya era hora que una mujer pudiera decorar ésto porque el salón de las mil columnas con un gusto tan robusto no haría de Persépolis la ciudad más augusta.

Autor: D. Jesús Castro Fernández.


Troya.

Hace ya tiempo un comerciante fenicio navegaba próximo a las costas de Troya, cuando una terrible tormenta sorprendió su embarcación en el mar. El barco fue hecho trizas por Poseidón que lanzó el barco contra las rocas con las olas enfurecidas. El comerciante fenicio por suerte cayó al mar antes de que el barco fuera destrozado por la colisión contra las rocas. El comerciante se agarró a un mástil del barco que flotaba en mar. Desesperado estuvo flotando hasta que a la lejanía vio un barco, entonces dijo: ¡oh es mí salvación!. El comerciante pensaba que era un barco comercial cuando comenzó a ver que se trataba de la armada marítima griega más grande nunca vista, iban hacia las costas de Troya. Entonces reparó en que no se detendría a rescatarlo, porque no eran tiempos de paz, sino de guerra, además pensó: de todos modos sí me rescataran sería peor el remedio que la enfermedad.

Autor: D. Jesús Castro Fernández.


El Cazador.

Un día iba paseando por las montañas de Ronsesvalles un cazador que se había perdido de la partida de caza. El cazador subió hasta lo más alto de un risco para poder intentar ver donde se encontraba y examinar sí podría localizar la partida de caza. Tras varios días y varias noches perdido entre las montañas, escuchó un gran ruido de jinetes en batalla, atemorizado se escondió tras algunas jaras. Intentando ver que pasaba, miró hacía abajo y vio como allí había una gran batalla entre moros y cristianos. La muerte se cebaba con ambos bandos mientras el horrorizado dijo: permaneceré quieto y escondido hasta que todo allá terminado, porque sino puede que acabe mal parado, porque sí me vieran puede que pensaran que fuera de uno o de otro bando.


Autor: D. Jesús Castro Fernández.



lunes, 30 de diciembre de 2013

Tormes.

Visitaba la pedanía de Tormes una mujer que iba en peregrinaje, cuando al pronto, paró cerca de un ciego, una mujer y su hijo. La mujer en silencio quedó a escuchas de lo que hablaban y lo único que dedujo es que al niño el ciego se lo entregaban para que se lo llevara.

 Autor: D. Jesús Castro Fernández.


Laboratorio, año 2150.

Estaba investigando nuevas fórmulas en un laboratorio del Planeta Marte, allí el investigador decía: yo y los míos nacimos de la generación de los clones y ahora nos toca investigar la generación clon de los híbridos que hoy son embriones.


Autor: D. Jesús Castro Fernández.




Espejos.

Se hallaban dos espejos uno frente al otro y se decían mutuamente: ¿por qué me reflejas en tú interior cuando yo te expreso mejor? A lo que respondía el otro: te reflejo aquí por tú también eres así. Diseñamos la profundidad infinita, tú dentro de mí y yo dentro de tí.


Autor: D. Jesús Castro Fernández.


Dante.

Dante te estuvimos buscando durante largo tiempo por todas partes, ¿donde estuviste? cuentanos ahora que volviste. Nos tienes intrigado. Dante: pues anduve con Virgilio de viaje, estuve entre valles, montañas y volcanes; estuve en praderas verdes con árboles frutales y arrolluelos de agua cristalina. Y además traigo un montón de mensajes de muchos viejos personajes. Los amigos sorprendidos por lo que le decía Dante, alegarón: ¿tú no estarás un poco tomado?.


Autor: D. Jesús Castro Fernández.


Qarmuna.

Un peregrino partió Constantinopla y se dijo: visitaré las ciudades más importantes de nuestra época en busca del Santo Grial. Primero buscó en Constantinopla y como no lo encontró se puso en marcha hacia Jerusalem. Cuando llegó a Jerusalem pasó muchos meses preguntando e investigando y como no encontró lo que buscaba partió otra vez hacia Roma. Tras una búsqueda incesante en Roma tampoco encontró lo que buscaba y decidió que iría a la ciudad más importante de todas, la antigua Qarmuna. Cuando llegó la ciudad estaba conformada por grandes murallas que la cercaban sobre una gran altura. Doble muralla, cinco puertas y muchos torreones. Llegó pasando antes por la antigua Córduba donde le indicaron que alguien guardaba lo que buscaba, a su llegada la puertas de maderas estaban cerradas y los guardianes le preguntaron: ¿a qué vienes peregrino? Y el peregrino respondió: vengo buscando a las herederas de la hija de Magdala, que dicen pasó de Tierras Galas a la ciudad que los Dioses mejor guardaban.


Autor : D. Jesús Castro Fernández.

Las Termas.

Se encontraban dos patricios en las Termas Públicas de Carmo, cuando uno de ellos le dijo al otro: amigo, mañana llega Julio Cesar desde Roma a Carmo. El amigo respondió: así lo tengo entendido, recibirán las tropas en campo Marcio y después lo podremos escuchar en el Foro donde se dirigirá a todos. El primero preguntó: ¿a qué viene a Carmo? Respondió el amigo: viene a el entierro de su pariente Servillia la cual falleció por enfermedad según tengo entendido. Volvió a preguntar el primer patricio: ¿y cuando será el sepelio? Respondió el segundo: pues creo que después del solsticio de verano, según me dijeron.

Autor: D. Jesús Castro Fernández.


sábado, 28 de diciembre de 2013

Los Infantones.

Pasaba un día un caballero cerca de un camino cuando reparó en que a unas damas se le infligía un castigo. El caballero escondido entre los árboles, se apeó del caballo y en silencio se aproximó hasta unos encinares en los que pudo contemplar de lejos a unos malvados infantones. Golpeaban a dos hermosas y jovencísimas damas con una fusta de la yeguada en sus espaldas, las damas atadas a dos encinas, con las ropas rasgadas, la espaldas ensangrentadas y descarnadas, gritaban y gritaban. ¡Padre, padre, a tí te llaman CID campeador! ¿por qué nos entregaste a estos demonios disfrazados de hombres?.

Autor: D. Jesús Castro Fernández.


Valencia.

Al guardián le tocaba pasar la noche en vela, vigilante de las murallas de Valencia. Cuando apunto estaba de nacer el Sol en el horizonte con el alba, contempló a lo lejos una gran hueste de caballeros que hacia Valencia llegaban. El tropel inmenso, polvorada de armaduras y espadas. Negra nube de muerte a Valencia llegaba. Don Rodrigo, el primero cabalgaba y CID campeador lo llamaban.

Autor: D. Jesús Castro Fernández.


viernes, 13 de diciembre de 2013

El cianuro es para mi.

Estaba yo tomandome una copa cuando llegó Manolo con una cara muy fea. Tras los saludos de rigor, se sentó junto a la barra y se acercó a él el camarero.
  -¿Qué te pongo Manolo?-
  -Pués mira Paco, a ver si puedes ponerme un buen copazo de cianuro, de ése potásico.
  -Pues no Manolo, me queda muy poco y ése es para mi.
   Me gustó la broma que surgió así, sin pretenderlo, y entonces decidí que podía sumarme a tan jugosa conversación y, tenía, o eso creía yo, una idea graciosa. Añadí:
 -Hostias Paco, si llego a saber que tenías cianuro no te hubiese pedido éste matarratas con sabor a Whisky.
 -!Hay que joderse! Pués lo compré para mi suegra, pero como se murió ella sola...
  Y al decirlo guiñaba un ojo y sonreía. Nos dió la risa a los tres, pero a mi con la risa se me atragantó el humo del cigarrillo (era un cigarrillo normal, y no un cigarrillo de la risa, que yo al tabaco nunca le echo cosas raras) y así con la risa me sobrevino un ataque de tos.
Ireneo -me dijo Paco desafiante detrás del mostrador- (Ireneo es mi nombre, por si no estaba claro) cuida esa tos, amigo ¿Qué la cuide más? Respondí, y añadí: Pero si ya la cuido, además del polvo que me regalo en la obra, a ésta tos mía le doy todos los días mas de treinta cigarrillos, y luego cerveza bien fría, y a veces incluso éste matarratas con hielo... más no la puedo cuidar.
   Paco aceptó con una sonrisa mi intento de inventar un chiste malo, y luego se dirigió de nuevo a Manolo:
   Bueno Manolo ¿Te pongo algo de beber?... O ya te estás largando.
   Manolo le rió la gracia a Paco, que cuando quiere sabe ser ingenioso, aunque hoy no estaba tan inspirado. Bueno Paco -le dijo- Ya que eres tan mal amigo de no querer compartir el cianuro, pues ponme al menos un matarratas como el que disfruta aquí el amigo Ireneo !Y que nunca falte! respondí presuroso.
   La putada -dijo Paco arrastrando la última sílaba- es que mi mujer está a punto de llegar y os vais a tener que ir a fumar a la puta calle. Ya sabéis bien que por mi me arriesgo a la multa, pero a lo que no me arriesgo es a que la Vicenta se me cabrée, y me deje sin postre. Asín que arreando.
   Y como somos amigos de Paco, y le queremos, nos fuimos a fumar a la calle.

Autor: D. José María Martín Rengel.



miércoles, 27 de noviembre de 2013

Carcel para un héroe.

Se encontraba sobre el puente mirando los remolinos del agua, fascinado con la negrura y el olor del río. Se había encaramado sobre el borde y se disponía a saltar cuando oyó un grito de mujer desde el lado mas cercano del puente. Cuando miró, vió a dos hombres que sujetaban a una mujer, era muy tarde y no había nadie más por allí.
   Sintiendose desgraciado, había planeado arrojar su cuerpo a las aguas, y había decidido hacerlo a una hora en la que nadie pudiese contemplar su hundimiento final. Pero alguien más estaba utilizando la impunidad de una noche de invierno, y alguien estaba suplicando ayuda.
   Con una total ausencia de miedo, se dirigió rápidamente hacia donde provenían los gritos, dos tipos estaban intentando arrancarle las ropas a una mujer joven. La chica había intentado resistirse, pero tras los primeros golpes, tortazos, y patadas, parecía haberse rendido.
   Lo siguiente que vió fué el techo de una celda. Allí permaneció hasta que lo llevaron a los juzgados, y de allí a prisión. Se le acusaba de agresión y violación, la victima estaba ingresada en el hospital en estado de coma, y el era considerado una basura.
  Después de algo más de un mes en prisión, lamentaba no haberse arrojado al río. No sólo no había logrado impedir la agresión, sino que además de sufrir él mismo una brutal paliza que lo dejó inconsciente, ahora le iba a caer una gravísima condena por una horrible agresión. El padre de la victima había declarado a la prensa local, que lamentaba no poder matar con sus manos al agresor de su hija. Ya la sociedad entera le había condenado y le consideraba un horrible monstruo, sólo faltaba que el juez dictara sentencia cuando se celebrase el juicio.
   No podía dormir, y desesperado rogó a Dios que se lo llevase ¿Qué más quería de él? ¿Es que no había sufrido ya bastante? Como lo vigilaban para impedir que se suicidase, y terminase así con aquella tortura, pensó que iba a volverse loco. Sólo logró dar un gran cabezazo contra la pared antes de que lo sujetasen, pero no fué suficiente para lo que pretendía. Lo llevaron a la enfermería y le cosieron la enorme brecha, amaneció amarrado a una camilla con un dolor horrible en el cráneo.
   Mientras pensaba en qué seria lo siguiente, el alcaide en persona se dirigía a la enfermería para verle. La noche anterior, la chica había salido del estado de coma, y había relatado a la policía cómo un par de hombres la atacaron y la golpearon mientras le arrancaban la ropa....También preguntó por su salvador, el hombre que viniendo desde la oscuridad se enfrentó con sus manos vacías a sus agresores, y que se llevó la peor parte. Ella misma observó desde el suelo como volvían a por ella mientras el desdichado sangraba  inconsciente sobre el suelo ¿Había muerto? Nadie se atrevió a decirle a la chica que su héroe estaba en la cárcel, pero los policías -conmovidos- decidieron informar inmediatamente al juez. 

Autor: D. José María Martín Rengel.




jueves, 14 de noviembre de 2013

Filosofía para fracasados.

Ocurrió hace ya unos cuantos años, yo había salido -o debería de decir escapado vivo- de una dolorosa ruptura, y me sentía fatal. Lo normal en éstos casos, suele ser agarrarse a la botella, y usar el alcohol en esa otra faceta suya de antiséptico del alma. Así las cosas, navegué por tres o cuatro bares hasta que rota la cadena del ancla, ésta se fué hasta el fondo y tras engancharse allí, me impidió seguir navegando.
   Vaciaba yo a mi ritmo -un ritmo rápido- las copas cuando levanté la vista a mi alrededor. Un variopinto grupo de personas compartían la estancia, cada cual a lo suyo; unos conversaban o reían, otros quizás discutían, pero todos permanecían bajo un gran océano de humo que apenas dejaba ver el el techo del local. Allí me quedé ensimismado, sin dejar de mirar al techo como, si fuera un paranoico, pensando en lo difícil que es asesinar a la tristeza, por cuanto tras haberle endiñado 7 puñaladas en forma de copas de Whiskys, aún enlentecía la agonía aferrándose a mi con todas sus fuerzas.
    La gente se fué marchando poco a poco, y cuando ya sólo quedábamos dos o tres desdichados noctámbulos, el camarero dijo que a la calle todo el mundo, y lo dijo sin sonreír. El resto de la noche, aún es  un misterio para mi, pero recuerdo que la mañana llegó y me encontró tumbado en un banco bajo una acacia sin hojas. Cuando empezaba a preguntarme qué demonios hacía yo allí, mi lengua pastosa y un ligero ardor de estómago me recordaron los whiskys trasegados de madrugada. 
   Todo volvió a su sitio, volvía a ser yo de nuevo, y también volvía a mi esa especie de falta de aire, de escasez de espacio para mi dolorido espíritu. Pero también volvía el mundo a girar, los automóviles volvían a recorrer las calles que tan sólo unas horas antes no eran de nadie, las aceras se poblaban de escolares -debía de haber cerca un colegio- de madres con niños pequeños, de comerciantes abriendo sus establecimientos, de pájaros...
   Era yo quien estaba fuera de lugar, quien necesitaba una ducha y un reposar la espalda sobre algo mas blando que un banco de madera. Cuando iba a enderezarme, a escasos metros ví como levantaban la persiana de un pequeño bar y sentí entonces que me nacía una sonrisa, una sonrisa que si bien asomaba en mi boca, donde realmente nacía era en ese lugar del propio interior humano en donde se rompen las convicciones, se olvida la vergüenza, y no se permite llorar.


Autor: D. José María Martín Rengel.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Cervantes en Qarmuna.

Era un día de primavera cuando Cervantes tenía que ir a cobrar los impuesto en la antigua Qarmuna. Miguel se levantó temprano, revisó sus escritos he incluyó algo, inspirando se en las tierras del valle y en un galgo. Después fue a cobrar, las gentes lo veían y cuando llegaba decían: <<ya está aquí otra vez el recaudador malvado, que nos mata de hambre y no nos ofrece trabajo>>. Miguel que no andaba de dinero holgado, decía: <<mí profesión hago y algún día por ello seré recordado>>.

Autor: D. Jesús Castro Fernández.


Obama.

Se encontraba en año 2079 un hombre en un sillón postrado y contaba sus experiencias vividas a sus allegados: yo fuí un gran hombre, fuí presidente de USA y lo hice lo mejor que supe; trabajé muy duro por mejorar todo lo que pude y me dejaron, muchas horas de mí vida le he dedicado. 8 años estuve y resto me pareció un pasatiempos mal logrado. Todos me conocieron, Obama me decían en las elecciones cuando fuí candidato. Hoy me encuentro aquí postrado, en mí vejez, por mí alma luchando, ya que poca ilusión me queda para que me continúen honrando. A ésto que entró sus dos hermosas hijas con sus nietos y le dijeron: padre otra vez contando tus relatos, con tribulaciones y desacatos. Obama respondió: hijas vosotras sois, junto a mis nietos lo único por lo que hoy seguiré siendo honrado y eso es lo poco que hoy me pone contento, porque es de mí agrado. Al instante los nietos se lanzaron sobre sus brazos y el llorando de alegría dijo: cuanta valía y yo aquí descorazonado.

Autor: D. Jesús Castro Fernández.