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jueves, 1 de agosto de 2013

Tú barajas.

Hace mucho tiempo ocurrió que una muchacha llamada Juana "de Arco", padecía una enfermedad, desconocida en su época, la epilepsia, y que estaba convencida de que podía ver el futuro por las alucinaciones que padecía. En su época Juana, creía profundamente que sus premoniciones como ella las concebía, eran debidas a Dios o al diablo que jugaban a las cartas, por lo que un día, decidió ir a exponer el asunto al rey. El rey y sus consejeros, empleando la mayor racionalidad posible, que le permitía la ciencia de su época, pensaron que quizás esas supersticiones absurdas que no respondían a ninguna causa-efecto de la realidad, las podrían emplear como táctica militar para que la población analfabeta, luchara a su favor en una guerra despiadada y sangrienta. 
Y así fue, Juana fue enviada al campo de batalla, donde su creencia sotérica la condujo a la victoria, apoyada por el pueblo como un ejército que caminaba a la gloria. 
De ahí, que muchos años después se entienda que una enfermedad bien empleada, pudiera otorgar grandes beneficios a las mesnadas y a un rey que el pueblo supersticioso nada le importaba. 

Autor: D. Jesús Castro Fernández.


El poeta y la guadaña.

Cuando la muerte muestra su brillante y afilada guadaña, el tiempo cambia de velocidad, se acelera. El vértigo deja una fría sensación en la espalda, la memoria se afina, las lágrimas se contienen en un dudoso dique, y los nervios se someten a la tensión.
   Sabía que lo iban a matar. Era una locura sin sentido. Él nunca se había metido en política, si acaso, lo mas que hizo fué mostrar simpatía por los mas desfavorecidos ¿Era eso un pecado?
   Sus compañeros de encierro, cavilaban silenciosos: Un torero, un maestro de escuela, un bracero; Todos tenían cierta melancolía en la mirada, una mirada huidiza, desesperanzada, resignada.
   Poco después de ponerse el sol, los hicieron salir y los subieron en la parte de atrás de un camión. Cuando a la media hora los hicieron bajar, pensó que era el fin, pero aún no. Los hicieron caminar, un ligero ascenso por una despoblada ladera. Mientras caminaba junto a los otros, elevó sus ojos al cielo de la noche, una noche clara; miles de estrellas embellecían el firmamento  como pocas veces había visto, como nunca -pensó-.
   De repente, divisó la fosa excavada en una planicie, ahí es -se dijo- y al hacerlo sintió como se le aceleraba el pulso. No sintió ganas de echar a correr, o de suplicar por su vida. Sólo se lamentó de no poder escribir lo que en ese momento sentía. Sólo era un poeta, un dramaturgo de éxito mundial. Si hubiera podido escribir esa noche, lo habría hecho sobre el fascinante baile de las estrellas allá en lo alto.
   No dejó de mirar al cielo, como fascinado, mientras esperaba las descargas. Sólo sintió un golpe en el pecho, tal vez dos. Luego las estrellas se apagaron.

Autor: D. José María Martín Rengel.


La última llamada.

Sonó el teléfono, era su hijo, acababa de coger un vuelo desde Madrid. Ella se encontraba escuchando la radio en la cocina de su casa. 
- Hola mamá. Ya hemos embarcado, aunque parece que hay algunos problemas técnicos, porque una luz a avisado.
- Hijo, no te preocupes seguro que no es nada, pronto estarás volando sin que pase nada.
Mientras tanto, en el pasillo un mujer rubia de ojos azules penetrantes, con un tupido velo transparente de color blanco, hacía una lista sobre un pergamino antiguo y con una pluma negra. Nadie la veía, para todo el pasaje pasaba desapercibida.
- Bueno mamá, pues creo que vamos a despegar, el piloto ya ha dicho que se ha solucionado el problema.
- Pues que tengas buen viaje hijo, en nada estarás con tú padre que te espera en destino. 
A las afueras del avión, otra mujer con capa negra, cabello largo y negro, de curvas esbeltas sostiene en la mano una balanza rota, en la que nada sopesa. 
De repente el avión arranca, turbulencias violentas atemorizan al pasaje, porque todos se preguntan: ¿cómo puede haber turbulencias en el despegue?
- ¡Mamá, máma! no cuelgues, creo que algo marcha mal, esto se mueve mucho, la gente está gritando y todavía no hemos despegado, ¡socorro, socorro! ¡mamá tengo mucho miedo!.
En ese instante se interrumpe la llamada con un gran estruendo.
- ¡Hijo, hijo! ¿qué está sucediendo? Dios mío, mi hijo.
En la radio una voz da una última noticia interrumpiendo la emisión del programa.
- Última noticia, acabamos de conocer que ha ocurrido hace escasos momentos un accidente aéreo en Barajas, por el momento no se tiene constancia del número de supervivientes y muertos. Los equipos de salvamento se encuentran en la zona sofocando el incendio. 
La madre arrodillada, desgarrada en su fuero interno, se macera los cabellos con las manos desesperadas.

Autor: D. Jesús Castro Fernández.


Kinshasa.

Vivía en Kinshasa, la pobreza y la miseria eran el pan de cada día. El paro, la enfermedad física y psíquica, la falta de higiene e infraestructuras de la ciudad, la contaminación y la falta razón eran su vivencia habitual.
Tenía tan sólo 15 años, salía por la mañana a caminar con el estomago vacío, con la esperanza de poder realizar algún trabajo que le permitiera comer ese día y regresar a casa con algo. Pero era raro que eso sucediera, la mayor parte del tiempo lo pasaba vagabundeando entre más y más miseria, que era aquella mole de cemento y cristal, su ciudad natal.
Todos los días en sus paseos su parte racional le decía: "lo puedes conseguir, lo debes intentar, eres importante para el Universo, formas parte del especie humana y como miembro de grupo humano eres indispensable: tus actos, tus gestos, tus pensamientos"; mientras tanto su parte irracional le decía: "no vales nada, no eres ni un número para la sociedad, no tienes empleo, no tienes futuro, no tienes dinero, eres escoria de la nada, no significas nada, a nadie le importas, basura humana, residuo cósmico, arbitrariedad orgánica". 
El chico que se llamaba Growing, siempre pensaba y dudaba, pero nunca lo contaba. Un día estando en la calle. Pensado en sus posibles formas de la existencia, se quedó con la mirada fija en una pequeña hormiga y se dijo: "¿Por qué existe esa hormiga? Si no es importante para la época, ni para la vida, ni para la existencia. Podría ser por la arbitrariedad del destino de su existencia, pero también puede que responda a lógica de la alternancia, de la variedad, de la posibilidad, del caos y la incertidumbre que está por llegar".

Autor: D. Jesús Castro Fernández. 



De Nepal a Sao Paulo.

El sacerdote budista se encontraba meditando bajo un árbol que estaba ubicado en una llanura desierta de Nepal. Sólo con su circunloquio, repetía de manera compulsiva sus cantos diarios. Cuando se quiso dar cuenta rompió a llorar y que cosa más extraña, ¿verdad?. No era la felicidad lo que lo invadía era un visión la que lo corrompía. Veía como dentro de cada lágrima que derramaba, un Universo y un Mundo se deshacía, se descomponía. 
En una de esas lágrimas, transparente y cristalina observaba como sí de una bola de cristal se tratara, como muchos cristianos eran asesinados y nadie les ayudaba, en partes Asía y África, por su sola creencia sotérica. 
En otra de esas lágrimas derramadas miraba a los muchos musulmanes que entre ellos se mataban siguiendo preceptos opuestos de su propio código ético. 
Y en la última de sus lágrimas contemplaba como un tren en Sao Paulo descarrilaba. Pero como un bebe se salvaba por la lágrima derramada. 

Autor: D. Jesús Castro Fernández.


El oso que maltrataba.

Se levantó aquella mañana fría de invierno, aun permanecía en vigilia, caminaba como sonámbula, pero sin embargo no lo era. Se movía como despierta, pero en su mente, aun dormía profundamente, vió que un oso la atacaba, le golpeaba con las zarpas y la dañaba, parecía una pesadilla, luego el oso se revolvía contra sus crías y también las atacaba con furia e ira incontrolable. 
Ella superada por la situación cogió un hacha de leñador que encontró en un cobertizo del bosque de su sueño, se acercó al oso mientras atacaba a sus crías y alzándola hacía el cielo, imprimiendo un fuerza desconocida, lanzó el hacha afilada y aguda hacia la cerviz del animal, de aquella mala bestia. El hacha se había incrustado partiendo en dos el cuerpo de la bestia salvaje en dos mitades, las sangre brotaba a borbotones y salpicaba toda la frondosidad del bosque. 
Lo siguiente que recuerda mi clienta señoría, es que estaba entre rejas y después en el hospital para sanar de sus heridas. Los médicos le dijeron que padece un trastorno del sueño, que en el momento de los hechos no era consciente de sus actos, a pesar de llevarlos acabo, y no hablamos de locura transitoria, ni de enajenación mental, sino de un trastorno del sueño que no le permitía ver que el oso era su marido, el que la llevaba maltratando durante 20 años y a sus hijos los últimos 5. 
Ella se reafirmó en su declaración de que había matado a un oso salvaje que la había atacado a ella y a sus hijos y que en ningún momento percibió que era su marido. Los psiquiatras verificaron el trastorno del sueño y ella quedó en libertad, absuelta del delito que se le había de imputar.

Autor: D. Jesús Castro Fernández.



¿Cómo ocurrió?.

Le pareció que todo había ocurrido muchas veces sin saber cómo. ¿Había matado a su pequeña? Él estaba seguro de que sí, de que había acabado con su vida muchas veces y de todas las formas posibles. Eso le angustiaba profundamente, pensar que en una de esas veces se hubiera cometido el crimen detestable. El no quería hacerlo, pero estaba seguro de haberlo cometido muchas veces, pudiendo describir con todo lujo de detalles las horribles muertes a las que había sometido a su pequeña. 
Por fin, llegó el médico y le dijo: Buenos días Elias, ¿hoy haz vuelto a matar a tu pequeña?. Respondió Elias: ¿cómo ocurrió doctor?. El médico le contestó: Muy fácil, la matas todos los días en tú mente, sólo modificas tú patrón de asesinato, pero no te preocupes, las personas obsesivas nunca comenten el crimen físico, sólo es un crimen mental, un crimen que constantemente les hace dudar de la realidad y la verdad. 

Autor: D. Jesús Castro Fernández.