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jueves, 2 de enero de 2014

Trágico error.

La Nochevieja también se celebra durante la guerra, y Vasily la celebró con sus compañeros de armas. Estaban en un campamento junto a los pantanos del Prypet, y ansiaban entrar en combate contra los alemanes con los tanques nuevecítos que acababan de recibir.
  El vodka corrió a raudales y enseguida empezaron a entonar canciones melancólicas. Quien mas y quien menos, todo el mundo tenía en su mente a alguien a quien echaba en falta: Los padres en unos casos, o la novia, o incluso la esposa y los hijos en otros casos.
   Al mediodia del 1 de Enero, Vasily convocó a sus hombres, tenían órdenes dirigirse con los nuevos T 34 a través de una ruta que los llevaría a contactar con los guerrilleros que hostigaban a los alemanes, había depositadas muchas esperanzas en la nueva remesa de carros blindados, así como en la contraofensiva orquestada por la STAVKA, aunque todo el mundo sabía que el verdadero cerebro no era la STAVKA ni Stalin sino el mariscal Zhukov.
    Con la moral muy alta, y total ausencia de miedo, y también con un muy alto espiritu de sacrificio, el capitan Vasily Korolev se internó en la zona pantanosa con la 8ª sección de blindados. Nadie podía prever la tragedia, el infortunio ingrato que sólo la muy mala suerte y un leve error trajeron aquella jornada. La ruta a seguir, muy clara en los mapas, no lo era tanto sobre el terreno, pero Vasily prefirió seguir avanzando, antes que mostrarse dudoso ante sus hombres. A media tarde, la luz ya era escasa, y el terreno parecía un laberinto de sombras y vegetación.
    Cuando su tanque se detuvo por la imposibilidad se seguir avanzando, Vasily notó una grave sensación en la nariz, como si se oliera la tragedia. La presión sanguínea apenas era contenida por los vasos, y Vasily sentía sus latidos hasta en los lóbulos de las orejas.
    Media hora mas tarde, Vasily ya había sido informado por radio de la situación. Absolutamente todos los tanques estaban imposibilitados de avanzar  o retroceder. Había que dar por perdidos todos los blindados, y con ello la misión encomendada. Daba igual que pudiese justificar el error, estaba perdido; Había conducido a una brigada de carros blindados hasta el mas ingominioso desastre, sin entrar ni siquiera en combate.
   Prefirió evitarse la vergüenza de ser juzgado, y fusilado por inutil. El era el único responsable, y casi sonrió cuando se llevó el cañón de su pistola a la boca. No dió órdenes, no dejó notas, ni le dijo nada a su ayudante, ya nada importaba. Casi con una sensación de alivio, apretó el gatillo.

Autor: D. José María Martín Rengel.

martes, 31 de diciembre de 2013

El Barco.

El barco espacial llevaba 2 semanas que estaba en la Luna Europa y le decía el capitán a su grumete: Grumete mañana partiremos hacia el norte de los mares de esta Luna. Respondió el grumete: Teníamos que haber traído mujeres en la tripulación capitán o si no al menos animales. Dijo el capitán: ¿Y eso para qué grumete? Porque creo que tanto hombre sólo en esta luna durante tanto tiempo en el barco puede llevar a que más de un marinero se enamore. Y eso puede ser un problema no creé. Saltó el capitán: ¿Y que problema es que se puedan enamorar unos marineros de otros? Dijo el grumete: Pues básicamente los celos y los rencores de los que se enamoren.


Autor: D. Jesús Castro Fernández.

El Salón.

¡Rápido llevaos al jefe carpintero! ¡Rápido, rápido le dio una insolación y tiene mal de seso!. Y buscad a su mujer que tiene los mismos conocimientos. El salón está por acabar y el rey no quiere que se demore mucho más. Tú búscala y tráemela. Respondió el esclavo: de acuerdo ahora vuelvo ¿donde está? Otro esclavo le respondió: busca tras de aquellas columnas del fondo del salón. Cuando llegó la encontró con un esclavo detrás de una columna. El esclavo: ¿ama pero que está haciendo? se acaban de llevar a su marido por mal de seso y la llaman para que finalice la decoración del Salón de las Mil Columnas. La mujer: nada hombre, le daba a mí esclavo un beso porque le quiero. Bueno pues ahora voy y ya era hora que una mujer pudiera decorar ésto porque el salón de las mil columnas con un gusto tan robusto no haría de Persépolis la ciudad más augusta.

Autor: D. Jesús Castro Fernández.


Troya.

Hace ya tiempo un comerciante fenicio navegaba próximo a las costas de Troya, cuando una terrible tormenta sorprendió su embarcación en el mar. El barco fue hecho trizas por Poseidón que lanzó el barco contra las rocas con las olas enfurecidas. El comerciante fenicio por suerte cayó al mar antes de que el barco fuera destrozado por la colisión contra las rocas. El comerciante se agarró a un mástil del barco que flotaba en mar. Desesperado estuvo flotando hasta que a la lejanía vio un barco, entonces dijo: ¡oh es mí salvación!. El comerciante pensaba que era un barco comercial cuando comenzó a ver que se trataba de la armada marítima griega más grande nunca vista, iban hacia las costas de Troya. Entonces reparó en que no se detendría a rescatarlo, porque no eran tiempos de paz, sino de guerra, además pensó: de todos modos sí me rescataran sería peor el remedio que la enfermedad.

Autor: D. Jesús Castro Fernández.


El Cazador.

Un día iba paseando por las montañas de Ronsesvalles un cazador que se había perdido de la partida de caza. El cazador subió hasta lo más alto de un risco para poder intentar ver donde se encontraba y examinar sí podría localizar la partida de caza. Tras varios días y varias noches perdido entre las montañas, escuchó un gran ruido de jinetes en batalla, atemorizado se escondió tras algunas jaras. Intentando ver que pasaba, miró hacía abajo y vio como allí había una gran batalla entre moros y cristianos. La muerte se cebaba con ambos bandos mientras el horrorizado dijo: permaneceré quieto y escondido hasta que todo allá terminado, porque sino puede que acabe mal parado, porque sí me vieran puede que pensaran que fuera de uno o de otro bando.


Autor: D. Jesús Castro Fernández.



lunes, 30 de diciembre de 2013

Tormes.

Visitaba la pedanía de Tormes una mujer que iba en peregrinaje, cuando al pronto, paró cerca de un ciego, una mujer y su hijo. La mujer en silencio quedó a escuchas de lo que hablaban y lo único que dedujo es que al niño el ciego se lo entregaban para que se lo llevara.

 Autor: D. Jesús Castro Fernández.


Laboratorio, año 2150.

Estaba investigando nuevas fórmulas en un laboratorio del Planeta Marte, allí el investigador decía: yo y los míos nacimos de la generación de los clones y ahora nos toca investigar la generación clon de los híbridos que hoy son embriones.


Autor: D. Jesús Castro Fernández.