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martes, 29 de octubre de 2013

El Ave.

Migraba ya varios días cuando se dijo: estoy un poco cansada de migrar, voy a descansar un poco. Desde lo alto de las montañas comenzó a bajar para buscar un lugar, al pronto lo encontró. Se trataba una zona muy tranquila con gran cantidad de agua y donde podría encontrar alimento en abundancia, además de refrescar sus alas. Cuando descendió la pájara se puso a cantar de alegría por poder parar. Otro pájaro que por allí se encontraba durmiendo, saltó y le dijo: oye chica, porque no dejas de cantar un rato, que los vecinos de aquí ya estamos hartos de tanto canto. La pájara indignada le respondió: oye chico, porque no continuas durmiendo y me dejas tomar mí baño. A lo que le respondió de nuevo el pájaro: porque tú canto no me deja dormir en paz y me hace daño.

Autor: D. Jesús Castro Fernández.


Hombre.

Vivía en unos de los países más pobres de África, cuando arrodillado le salió un grito de desesperación del alma: ¡Dios mío, tengo hambre! ¿por qué me hiciste hombre?.

 Autor: D. Jesús Castro Fernández.


La casa.

Era una noche de invierno en la que acuciaba el frío. Buscó un portal donde refugiarse, tumbó sus cartones y posó su cuerpo. Cubriose con una manta rota y deshilachada diciendo: ¡Gracias Señor, por éste calor¡.

Autor: D. Jesús Castro Fernández.


Libertad.

Había nacido entre rejas y toda su vida había sido en la prisión. Cuando cumplió la edad de 18 años, le dijeron: <<debes marcharte, ya que aquí no puedes continuar, eres libre porque siempre lo fuiste>>. A lo que dijo: <<pero que estás diciendo, mí vida, mis amigos, mí familia, mis vecinos, mis conocidos, mi educación y todo lo demás está aquí dentro>>. ¿cómo me voy a marchar? ¿a dónde?. Sí salgo a la calle nadie me espera, nada conozco y será como ir preso a la vida, a un desencuentro sin salida.

Autor: D. Jesús Castro Fernández.


lunes, 28 de octubre de 2013

El Sueño.

Cayó la noche de almas en el Cielo Eterno. Todas las almas al oír las campanas, fueron corriendo a sus lechos. Una de ellas la más rezagada, se acostó y entró en un profundo sueño. Empezó soñando que existía una vida material, en un planeta azul dentro de un Universo. Luego continuó soñando que en ese planeta se podía pasear por su superficie de tierra, que se podía hacer fuego con múltiples elementos, que se podía respirar aire puro o escuchar como soplaba el viento fresco, que se podía incluso nadar flotando por ríos, mares y océanos. Después soñó que en ese planeta se podía viajar de un país a otro y un poco por el Universo, que se podía comerciar y hacer negocios, que se podía conocer distintas especies, gastronomías, diferentes libros, lenguas, culturas, profesiones, ciencias y músicas. Además se podía tener amigos y amigas, familiares, parejas e hijos, conocidos y hasta recodar a los muertos. Todo parecía tan real, que el alma se despertó asustada y dijo: <<menos mal que los sueños, sueños son, que sí no, miedo y terror me daría tal sensación>>.
  
Autor: D. Jesús Castro Fernández.



Caos Determinado.

La determinación casual surgió, cuando al poco tiempo en un planeta llamado Tierra, cien volcanes entraron en erupción; doscientos terremotos asolaron los continentes, mares y océanos; trescientos entre huracanes y tormentas tropicales expusieron su furor; cuatrocientas sequías todo lo abrasó; quinientos incendios incontrolables arrasaron, creando pavor; miles de pequeños meteoros cayeron con precisión y el campo magnético de Tierra fue afectado por la llamaradas del Sol. Todo era una casual determinación resonando bajo un mismo son.

Autor: D. Jesús Castro Fernández.


viernes, 25 de octubre de 2013

Ella.

Habían pasado muchos días desde su desunión, cuando caminando en una terraza con otro hombre la vió. La mente le decía: <<ya no estáis juntos, por lo que está libre de toda presunción, nada os debéis>>. Pero en aquel instante le dijo su corazón: <<el alma se me cae al suelo y el corazón hoy viste de duelo>>. No sabiendo que hacer, salió corriendo, gimoteando hacia sus adentros, luego cuando llegó lejos, se paró, reposó y meditó: <<por qué huyo, de que huyo, sí nada tengo, nada pierdo>>. Y le decía de nuevo el corazón: <<sí tenías amor, perdiste el alma en otro corazón. Pero sí por el contrario nunca tuviste amor, tan sólo perdiste una ilusión>>. Continuó caminando, cuando con una chica que conocía tropezó y le dijo: <<¡mira por donde andas, que pareces que no tuvieras alma!>>. Y le respondió: <<así es, mí alma, con otro corazón se quedó>>. La chica sonriendo le dijo: <<ya será para menos>>. Y le respondió con algo más de alegría: <<bueno, quizás tú me puedas ayudar, a recuperar, el alma de mí verdad>>.

Autor: D. Jesús Castro Fernández