Salió a pasear a las afueras de la ciudad. Por fin se encontró libre de rencor, libre de odio y de remordimientos. Le acompañaba su fiel perro, el cuál movía su cola y corría delante de él. Él tan sólo quería pasear, no había más fin, ni más objetivo, contemplar la naturaleza amplia, luminosa y el verde que aquella pradera con flores de mil colores que le ofrecía la primavera.
Era verdad que había pasado por muy malas experiencias el invierno pasado, pero ahora, toda era hermosura, delicadeza, suavidad y elegancia en la magestuosidad. Aire puro, las grandes montañas al fondo, erguidas con la nieve en deshielo, la amplia pradera que recorría aquel pequeño, pero tierno sendero, los pájaros cantando con su elevado encanto, el Sol fuerte y reluciente.
Que día tan maravilloso, y tan sólo, un soplo de aire fresco, valiente, consciente de su presencia. ¡Que paz! ¡que felicidad! ¡que tranquilidad! ¡que dulce armonía!. Todo aquello era la alegría, que la ternura y el amor de la naturaleza transmitía. Era sabiduría en estado puro, equilibrio amado; suntuosidad, efervescencia de la vida, realmente comprendida. Limpia, suave, delicada, tierna y esperanzada; sin malas pasiones, sin falsas emociones, sin miedos ni terrores. Sólo cálida vida, paz bien nutrida, relaciones comprendidas y sueño agradable de mil pareceres estables, admirables.
Autor: D. Jesús Castro Fernández.
Vivía en la ciudad de Carmona, una ciudad muy antigua por su Historia. Un día del verano salió al centro de la ciudad, el Sol había dejado ya de avasallar. Como cuando se aburría, salía a pasear, compraba un paquete frutos secos y se iba a la plaza central a sentar. Allí contemplaba las escenas rutinarias, los niños jugando, las mujeres conversando, las jovencitas coqueteando con los chicos de su edad,.... Ese día se sentó a la sombra de un buen árbol, él era de ojos azules claros, con cabello corto y rapado, de complexión entre deportiva y delgada, de unos 32 años.
Alguien, llegó esa misma tarde y sentó muy próximo a él, aunque para él, la presencia de aquella chica pasó desapercibida. Esa chica, comenzó a conversar de manera intrapersonal y se decía: <<Otro día más, pero ¿a donde voy a llegar?>>. Otra voz en su interior le respondía: <<Muy lejos no, seguro>>.
Y así comenzó aquella conversación:
- ¿Pero tú quien eres? A ver, que yo me entere.
- Yo soy yo ¿y tú?.
- Yo soy también tú.
- ¿Cómo que yo soy yo y tú también eres yo?.
- ¡Que sí, que sí mujer!. Que tú eres mi imaginación.
- ¿Cómo que yo soy tú imaginación?.
- Porque tú me has creado, yo soy tu yo y tú me has imaginado.
- ¿Qué quieres decir?.
- Pues que tú no ere tu. Sino que tú eres yo.
- No te entiendo.
- Es muy fácil, físicamente somos dos neuronas del cerebro que hablamos en espejo.
- Ahora te comprendí menos.
- Pues como te estaba diciendo, tu nombre es inventado, tu forma de vestir es aprendida, tu forma de actuar y de pensar son formas educativas; hasta tu género y tu sexo son fantasías mías.
- Quiere decir eso ¿qué no existo?.
- No, sí existes, pero eres un ser imaginario.
- No te creo. Yo soy de carne y hueso, no imaginario.
- Sí, pero tu mente, es un montaje entre lo heredado y lo aprendido. Las sociedades del mundo lo han construido y tu lo has asumido, como un rol propio, como algo tuyo, sin ser realmente tú.
- Me parece a mi, que te pretendes quedar conmigo. Y que el ser imaginario eres tu, como ego incomprendido, que pretendes confundirme, para que me sienta conmovido.
Autor: D. Jesús Castro Fernández.
Iba hablando sólo por la calle y decía: <<Lo siento Señor, estoy muy arrepentido de mis malas palabras, de mis malos pensamientos, de mis malos gestos, pero....>>. En ese mismo momento pasó por delante de un quiosco de prensa, en el que aparecía un titular que él acababa de contemplar, no se había enterado de nada. El titular decía: <<52 ciudades de EE.UU. y 200 cuarteles en 28 países fueron bombardeados con armas químicas, el número de fallecidos se eleva ya a 300 millones de muertos>>. En aquel mismo instante, se echó las manos a la cabeza, y preguntó: <<Dios mío, pero que es ésto>>. Y Dios le respondió: <<Te voy a narrar lo que ocurrió. Hubo un día un grupo de muñecos que por vanidad y soberbia hicieron lo que esta mal a lo ojos del Señor, hoy los tengo acorralados. Y condenados a los peores tormentos después de esta vida, en un oráculo que he establecido. A ellos y a toda su descendencia, mil maldiciones les esperan, por cólera, irá y venganza divina. Antes de su destierro y antes de condenarlos a vagabundear por la Tierra por su traición, yo me encargue personalmente de su destrucción, ya lo hice muchas veces en el pasado con otro pueblo, el hebreo, lo destruí y lo levanté muchas veces, a sus jefes y a sus herederos, condené a sus generaciones y las ayude cuando me obedecieron. En éste caso no será menos, no me temblará la mano y así lo prometo. El traidor pagará con su sangre la sangre derramada y mil veces habrá de pagarla, y no es ley del talión, sino física cuantíca y neuronas espejo. Así de ese modo, todos y cada uno de los que de mi se rieron y así lo creyeron, pagaran, como sí de su propia mano se colgaran de un árbol, por haberme vendido por unos cuartos. Hoy lo preparo, destruir a ese muñeco envenenado, humillarlo, degradarlo al extremo, acabar con su alma, con su mente, con su cuerpo, con sus palabras, con sus sentimientos, con sus propiedades, con sus riquezas, con su imperio. Al igual, como le prometí a los que sufrieron, el anterior pagará durante mucho tiempo con dolores horribles y sufrimientos, sus generaciones serán condenadas a vagar por los peores infiernos por su actos malévolos. Y así, hasta que no lo vea llorar lagrimas de sangre, por su verdadero arrepentimiento, no dejaré de su tierra más que un yermo, incultivable, inhabitable, un lugar que ni el demonio querrá por abominable. Es más, habrá de ser tanto su sufrimiento, que el propio demonio correrá de miedo, saldrá huyendo y rechazará socorrerlo, porque es tanto el odio que les tengo guardado, que nunca muñeco alguno lo habrá imaginado.>>.
En eso, estupefacto por lo que escuchaba le dijo: <<Pero Señor, cualquiera que te oiga parecería que está leyendo un drama de Esquilo, con su flagrantes delitos o leyendo la biblia con el antiguo testamento. Y eso no corresponde a mi concepto sobre tí; yo pensaba que tú eras la parte buena y los seres vivos la parte mala, es decir, que a los seres orgánicos les correspondía hacer lo malo, pensar lo malo y demás, y a tí, ocuparte de lo demás, de lo bueno. Además, sí un psicólogo escuchara nuestra conversación pensaría, que tengo un trastorno de la personalidad, o bien, el trastorno del amigo imaginario, o el trastorno de grandeza extrapolado, o el trastorno de injusticia, o un poco de todo>>.
Entonces Dios le respondió: <<Te entiendo perfectamente, por eso has de vivir de forma coherente, oculta tus conversaciones, para que no parezcas un demente, pero cuando mueran todos estarán en mi reino, sólos, y entonces hablaremos. Además, mientras tanto ya les envío la enfermedad y vejez para ir ajustando cuentas, eso corre de mi cuenta. Pero no te preocupes, por esta vez, me voy a morder la lengua, lo cual, no quiere decir, que como hagan lo malo a mis ojos, no los ajusticiaré como prometa. Por cierto, recuerda, ese emblema: "En Dios confiamos">>.
Autor: D. Jesús Castro Fernández.
Aquella noche cenó sólo; cenó como un glotón, carne de cerdo, un montón. No hizo caso aquel refrán antiguo que decía: "Desayuna como un rey, almuerza como el pueblo y cena muy ligero". Después se retiró a su dormitorio, satisfecho a descansar, en busca del pertérrito sueño.
Comenzó su mundo, el mundo del Cosmos inmenso. Apareció en una calle oscura, muy oscura y ya sentía un terrible miedo. Dos enormes camiones aparcados entre las tinieblas de la noche, él se encontraba acompañado de una mujer. En un instante escuchó un grito horripilante, desesperado, de otra mujer, parecía muy cercana a él, provenía de detrás de esos camiones de gran tonelaje. Él aviso a su compañera, huyamos, vamos a escondernos. Corriendo, salieron precipitados desde la parte delantera del aparcamiento y bajo uno de los camiones aparcados en paralelo, se escondieron, agarrados entre las ruedas.
Al instante, una jauría de perros salvajes, por la derecha devoraban a la mujer que gritó, la despedazaban viva, se alimentaban de su carne y de su sangre. Ellos aterrorizados se agarraron fuerte a los bajos del camión, para no ser percibidos por aquellos animales salvajes, los cuales miraban en derredor, oliendo el miedo, la conmoción, el shock del terror, que existía en el corazón.
Al poco, otra jauría de perros salvajes, aproximándose por la izquierda del camión, buscaban nuevas victimas para comer carne. Con ojos envenenados querían consumir su hambre.
Autor: D. Jesús Castro Fernández.
Se encontraba en el psiquiátrico desde que sus hijos allí lo internaron. Era una de las personas más ricas del planeta Tierra. Y sin embargo, la demencia hizo estragos en su cabeza, sus hijos envidiando su mando y sus hijas deseando de manera encubierta sus riquezas, hicieron todo lo posible para encerrarlo, no con la intención de curarlo, sino antes de justificar su incapacidad para llevar la empresa que había creado.
Él se levantaba todas las mañanas y se sentaba en el sillón que le habían asignado, tan sólo tenía 57 años, tomaba el medicamento que le habían asignado y obedecía pensando: <<Saldré de aquí y todos verán que soy capaz>>. Pero en su cabeza veía un tren todos los días, que durante las horas de vigilia parecía que era donde él vivía.
Cada día aquel pasillo del tren en marcha recorría, pasaba mirando por las ventanillas de cada habitación del tren, porque al parecer era un tren litera. En cada habitación podía ver muchas y diversas escenas: en unas contemplaba escenas sexuales -malas, muy malas y buenas-; en otra observaba razones mediante conversaciones o expresiones, con él y con gente extrajera; en otra contemplaba situaciones de sentimientos y emociones, algunas con frialdad y otras con humanidad.
Cuando llegaba al final del pasillo del tren, ya había oscurecido, siempre le ocurría igual, comenzaba al principio del pasillo con la luz del amanecer y acaba al anochecer.
Un día le sucedió algo extraño, vió en aquel tren como las habitaciones se iban apagando y ya no podía contemplar lo que sucedía en su interior, parecía como sí el olvido de sus seres queridos, hubiera entrado desde el exterior.
Autor: D. Jesús Castro Fernández.
Era un espectro, un recuerdo de los tiempos. Fue aquel hotel para poder olvidar su mal, la vida que lo tocó llorar. Así, entró por la puerta principal, la realidad era que el hotel estaba abandonado desde hacía mucho tiempo. Pero para él era el lugar más maravilloso de todos los tiempos. Todo lo roto, lo sucio, lo feo, lo desagradable, lo horrible, era lo más bello.
Subió a las estancias superiores y vió como en aquel hotel había unas 50 habitaciones. Comenzó por visitar paseando por el pasillo, la primera habitación, esa que ponía el número 1 en la puerta. Cuando abrió se observó a él con un año de edad, viviendo en Yakarta, en uno de los distritos más miserables y detestables del planeta Tierra. Su madre lo amamantaba para condenarlo una vida pordiosera. Salió asustado de la habitación y recorrió el pasillo hasta llegar a la habitación número 7, con lágrimas en los ojos se contempló con 7 años de edad, jugando junto a las vías del tren a tan sólo cinco píes. Sus vecinos se lavaban junto a los raíles con el agua sucia y contaminada. Él jugaba mientras un tren, cargado de personas como ganado, pasaba una y otra vez. Muy a menudo se oía decir, otro niño ha sido arrollado.
Llorando de aquella habitación huyó y continuó hasta la número 21, donde se pudo ver, con pupas en las manos y en lo píes, mal nutrido, viviendo en todo tipo de insectos, ratas, cucarachas junto a los que tenía, que dormir todos los días. Horrorizado por su enfermedad y su estado, salió corriendo pasillo adelante y siguió hasta la habitación 50, donde por fin, encontró lo que buscaba, su muerte con 50 años, un deseo extraño, aunque parecía tener 90 años, por las desilusiones, los sin sabores y la terrible vida que había llevado.
Autor: D. Jesús Castro Fernández.
Como todos los días había salido a recorrer la comarca en bicicleta. Cuando regresaba a casa a media mañana, pensaba: <<Mi mujer me abandono por otro y me arrebató a mis hijas. El banco se quedará en dos días con mi casa por no poder pagar la hipoteca. Del trabajo después de 20 años me despidieron y ahora casi nadie contrata a alguien de 45 años. Y para colmo, mi bicicleta que es mi única compañera fiel, la que siempre comparte su tiempo conmigo, empieza a fallar por doquier. La cadena la lleva floja, los frenos prácticamente no frenan, las ruedas van medio infladas y los piñones no le cambian.>>.
Al poco tiempo, enfrascado en sus pensamientos, cogió una curva muy cerrada y un enorme camión que venía subiendo el puerto, en la cuneta tras un bestial impacto lo dejó muerto.
Autor: D. Jesús Castro Fernández.